Adiós

Octubre 13, 2007 at 5:34 pm (Mis escritos) ()

Error.

Sin saber cómo reaccionar.

Solo pienso en lo que pasó y en lo que está pasando.

¿Por qué ocultarme algo así?

La confianza no es mutua.

¿Puedo ser un títere de un juego como éste?

Por favor, ya me he dado la vuelta y cortado los hilos…

Ahora, lo único que veo es la cobardía de no enfrentarse a la verdad.

¿Tirar la piedra y esconder la mano?

Y yo era el cobarde, ¿No?

Ahora ya no va a haber solución.

Parece mentira que esperásemos una normalidad.

Y lo peor ha sido tener que abrir yo mismo los ojos.

No volveré a confiar, no sé si en ti precisamente.

Y me sigo sintiendo engañado.

Solo queda que lleves a cabo tu cobardía.

Por ahora digo que “ya es demasiado tarde”.

Adiós.

Iván Timón Camacho.

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Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí…

Octubre 5, 2007 at 11:08 am (Mis escritos) ()

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí. Incluso en sueños volvía a vivir los horrores que contemplaban sus ojos cada día, que no tenían final, a su parecer. Aquel rugido fue el que le despertó de su sueño. Como de manera innata se levantó de aquel amasijo de mantas al que ellos llamaban camas, ya que el terreno estaba lleno de piedras, agujeros y metal ardiendo. Sabía que el rugido que escuchó no pertenecía a su sueño, y también que no era tan lejano como le pareció oír. El estruendo fue tal que despertó a los demás que descansaban a su lado. Como por instinto, recogió su manta y se colocó su chaqueta. Otro rugido de nuevo, esta vez más fuerte, hizo levantar la tierra en una columna de arena, polvo y fuego que reventó parte del muro en el que ellos se refugiaban y al que debían, en muchas ocasiones, sus vidas. Sintió que los ladrillos impactaban a metros de distancia contra el suelo y que una de las piedras golpeó en la cabeza a uno de sus compañeros, tirándolo en el suelo y desangrándose. Sabiendo lo que tenía que hacer, como si todo fuese por instinto de supervivencia más que por instrucción, empaquetó sus cosas en su petate y agarró su fusil.

“-¡Levantaos todos, nos atacan!”

Por las noches soñaba con aquellas fieras que destruían todo a su paso: árboles, rastrojos, marcaban la tierra… Y cuando despertaba, todos los días, sus pesadillas se hacían realidad. Y allí estaban, las manadas de tanques dejando sus profundas y colosales huellas por donde pasaban, moviendo la tierra y destrozando los árboles del campo de batalla salvaje; todopor encontrar y acabar con su presa. Un rugido de aquellas bestias y podía darse por perdido. Aquel panorama era como él mismo infierno y él sabía que si sobrevivía otro día más a la batalla, volvería a dormir soñando lo mismo día a día con aquel horror, y viviendo lo mismo que al despertar, porque él sabía que cuando se durmiese, el dinosaurio todavía estaría allí…

Iván Timón Camacho.

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